Fútbol & Soccer

“Todo cuanto sé con mayor certeza sobre la moral y las obligaciones de los hombres, se lo debo al fútbol” (A.Camus)

Érase una vez…

“KING” KENNY

Si es cierto eso que dicen de que cada club en el mundo tiene un jugador histórico, en el Liverpool es, sin duda alguna, Kenny Dalglish. Escocés de nacimiento, inglés de corazón, King Kenny comenzó su carrera profesional en las divisiones inferiores del Drumchapel y del Glasgow United, antes de fichar por el Celtic de Glasgow, con cuyo primer equipo debutó en 1968, a la edad de 16 años. Con el Celtic lo ganó casi todo, en un equipo de una generación muy exitosa que venía de conseguir la Copa de Europa en 1967, contra el Inter de Sandro Mazzola y Helenio Herrera. Aunque en un primer momento casi ni jugaba, situándose como reserva en la mayoría de los encuentros. Pero un buen día, el Celtic jugó un partido amistoso, en el que Dalglish marcó 6 goles, y juto ahí empezó su fama goleadora, adquiriendo la condición de titular de forma casi vitalicia. 

Así, con la vitola de crack joven, y siendo el niño mimado de Escocia y la envidia de los clubes ingleses, llegó al equipo de Liverpool, del que curiosamente se marchaba ese mismo año el anterior ídolo: Kevin Keegan, que tomaba rumbo a Hamburgo. El fichaje de Dalglish por los reds es algo que siempre ha agradecido profundamente, ya que le llevaría a desempeñar un papel decisivo en la mejor época de la historia de los de Anifield Road, dándole la oportunidad de ser recordado para siempre, como el mejor jugador de este mítico club.

Junto a Graeme Souness, Samy Lee, Michael Robinson o Ian Rush, formaron un equipo casi imparable, tanto en Inglaterra como en Europa, llegando a ganar 4 Copas de Europa. De hecho, en la final  de 1978, ante el Brujas en Wembley, fue el autor del único tanto del partido, dando el triunfo a su equipo, el Liverpool, que conseguía así su segundo Copa de Europa. Fue un jugador de gran versatilidad ofensiva, actuó tanto en el centro del campo como en la banda derecha del ataque de los equipos en que militó. Además fue elegido en dos ocasiones mejor jugador del año y superó numerosas marcas goleadoras, como la de máximo anotador de la selección escocesa. Selección con la que no pudo ganar ningún título debido a su condición de equipo menor. Aún así participó en tres ediciones de la Copa del Mundo.

Esta es la clase de jugadores que escriben con letras de oro la historia de un club y que, según van pasando los años, esa filosofía, esa liturgia, se puede palpar en el seno del equipo, y todo gracias a ellos. De esta manera, se puede ver que por muchos jugadores buenos que vayan a un club, por muchos años que pasen, la grandeza de un club descansa en su historia, y se va transmitiendo generación tras generación. Parte de esa historia, se la dio King Kenny. Larga vida al Rey.

 

 

DUCKADAM Y LA TIRANÍA DE CEAUCESCU

Helmut Duckadam, nacido el 1 de Abril de 1959, de origen rumano y conocido popularmente como “El héroe de Sevilla”, fue portero del Steaua de Bucarest durante 4 temporadas, en las que consiguió dos dobletes: en la temporada 1984/1985 ganó la liga de Rumanía y la copa, y en la temporada 1985/1986 consiguió la liga por segundo año consecutivo y la Copa de Europa, en una final recordada amargamente sobre todo por los aficionados del FC Barcelona, ya que nadie se esperaba que el cuadro rumano pudiese dar la sorpresa.

El Barcelona disputaba su segunda final de la Copa de Europa el 7 de Mayo de 1986. La sede elegida para el partido era Sevilla. El Sánchez Pizjuán facilitaba un desplazamiento masivo de hinchas culés. Además el rival rumano, bajo el influjo soviético, no desplazaría una gran cantidad de aficionados (además de los pocos que vinieron muchos aprovecharon para quedarse y pedir asilo político). Y es que el Steaua fue fundado tras la Segunda Guerra Mundial en 1947, y hasta 1998 estuvo estrechamente vinculado al ejército rumano, convirtiéndose en todo un símbolo del sistema y emblema del régimen de Nicolae Ceaucescu, uno de los más duros y despiadados de entre los sistemas comunistas de la época. Finalmente 35.000 barcelonistas se reunieron en el estadio sevillista, llegando a pagar hasta 25.000 ptas por una entrada en la reventa.

La edición de aquel año era una prueba de fuego para la máxima competición europea. La final anterior siempre será recordada por la desgracia de Heysel. Nada de eso podía pasar con una sola afición y encima en su mismo país.

Tiempos convulsos para aquel Barça, justo el día anterior el Madrid ganaba la copa de la UEFA ante el Colonia. Y en el seno del club, entre los jugadores, había mal ambiente, se especulaba con contrataciones como las de Zubizarreta y Roberto que amenazaban con una profunda renovación en la plantilla. El camino de aquel Barça hacia la final puede considerarse lo más cercano a un ataque de nervios. Goles agónicos de Steve Archibald para eliminar a Oporto y Juventus en octavos y cuartos. Y un memorable “hat trick” de Pichi Alonso para remontar tres goles al Gotteborg y superar las semifinales por penaltis.

Por el Barcelona Terry Venables sacó a Urruti, Gerardo, Migueli, Julio Alberto, Víctor, Alexanco, Carrasco, Schuster (que fue sustituido por Moratalla), Pedraza, Archibald (cambiado por Pichi Alonso) y Marcos. El Barcelona era el claro favorito en casa, con su afición y ante un equipo sin tradición. Pero el partido se complicó. La superioridad técnica del Barcelona chocaba con la superioridad física de los rumanos. No se generaban ocasiones de peligro y poco a poco el Steaua fue matando el ritmo del partido, se sentía cómodo con el empate. Y con el empate se llegó al final del tiempo reglamentario. Nada cambió en la prórroga, y los penaltis asomaban.

Y ahí se creó parte de la leyenda negra del Barcelona en la Copa de Europa. Una fatídica tanda de penaltis en la que los cuatro lanzamientos que realizaron los culés se contaron por errores. Para nada sirvió las dos primeras paradas del cuestionado Urruti. Los goles de Lacatus (que luego sería jugador del Oviedo) y de Balint (que sería jugador del Burgos) sirvieron para que los rumanos lograsen su primer y único título, y el portero de los rumanos, Duckadam, se convirtiese en una leyenda. Así, el meta rumano detuvo cuatro penaltis a los barcelonistas Alesanco, Pedraza, Pichi Alonso y Marcos.

Tras aquel 7 de mayo del 86, el portero rumano estuvo dos años desaparecido. Diez años después, la prensa rumana contó que el entonces presidente del Real Madrid, Ramón Mendoza, le había regalado un Mercedes por haberle “quitado” al Barça el preciado trofeo. Nicu Ceaucescu, presidente del club e hijo del dictador rumano, Nicolae Ceaucescu, le exigió, supuestamente, la entrega de dicho vehículo. La negativa del meta, opuesto al régimen comunista, le supuso que la policía secreta rumana le rompiese los diez dedos de sus manos (supuestamente), lo cual explicaría su artrosis. Así se las gastaba Ceaucescu y su Securitate. El Steaua era el equipo del ejército donde, los “privilegiados” llegaban alto en el escalafón y los que no “tragaban” caían en desgracia. el equipo de Bucarest se convertía así, en el primer equipo del otro lado del telón de acero en coseguir la Copa de Europa.

Así, Helmut Duckadam, pasó de la gloria de ese 7 de Mayo de 1986, a la desgracia, ya que aunque fue contratado años después por el Vagonul Arad meses después de la final de Sevilla, pese a tener 26 años y durante unas vacaciones en el Mar Negro, sufrió una trombosis en un brazo que le impidió seguir en ligado al mundo del fútbol. A partir de ese momento a Duckadam se le complicó la vida. Ahora vive con alguna que otra penuria económica: tuvo que vender los guantes de la mítica final para conseguir dinero, y ha creado sin llegar a tener éxito, una escuela de fútbol. Cómo es la vida.

 

 

SPARWASSER, EL HÉROE DE HAMBURGO

Pongámonos en situación: 1974, plena Guerra Fría. Alemania estaba dividida en dos. Al oeste, la República Federal Alemana, país de un tremenda ideología capitalista. Al este, la República Democrática Alemana, uno de los entramados comunistas que había creado la Unión Soviética. Además el Mundial de fútbol de ese año se celebraba en la propia Alemania Federal, y lo que fue aún más sorprendente: tanto orientales como occidentales estaban emparejados en la primera fase.

En esa época, no existía ningún acontecimiento público que no estuviera influenciado por la Guerra Gría, y menos en el fútbol, deporte que tenía y sigue teniendo una enorme aceptación de la masa social y el dominio de la misma. De esta forma cuando llegaban unos juegos olímpicos, una Copa del Mundo, o un simple partido amistoso de fútbol, se quería demostrar a toda costa la superioridad de su nación, de su ideología. Querían demostrar su supuesta grandeza.

Así, la guerra fría marcó profundamente la manera de pensar de la sociedad, influenciada por uno u otro bando. Fue sin duda, el acontecimiento histórico que marcó el S.XX. Incluso se dieron casos de espionaje entre clubes de fútbol, y de jugadores tránsfugas. Anécdotas que denotan hasta qué punto este hecho marcó el panorama futbolístico mundial.

Alemania Federal contaba con los mejores futbolistas del país. Eran netamente superiores a la Alemania Democrática. Incluso los mejores entrenadores y jugadores se vieron obligados a emigrar de la RDA a la RFA, para crecer profesional y económicamente. Por esta razón el partido, en un primer momento, se creía que iba a caer del lado occidental. Por este motivo, cuando se dio a conocer que la RFA y la RDA estaban emparejadas en la primera fase del Mundial de 1974, surgió un clima revanchista. Ninguna persona en el país quería perderse el encuentro, y muchos menos los líderes políticos de ambos países (Helmut Schmidt como canciller occidental, y el secretario general de la RDA, Erich Honecker).

Ambos conjuntos llegaban tocados al encuentro, que se trataba del último del grupo A. Los occidentales venían de ganar a Chile 1-0 con gol de Breitner, y de conseguir otra victoria más holgada contra Australia por 3-0. Por su parte, los orientales habían empatado con Chile 1-1 y ganado a Australia 2-0, por lo que una victoria de la RDA era fundamental para pasar de fase.

La RFA, con una selección repleta de jugadores procedentes del Bayern München, se sentía muy superior a su rival, y no era de extrañar. Los Müller, Maier, Beckenbauer, Breitner, Hoeness y demás, hacían presagiar un partido cómodo y sin sobresaltos, pero nada más lejos de la realidad. El choque comenzó con el dominio absoluto de Alemania occidental, pero no pudieron traspasar la línea de gol de la portería oriental ni una sola vez, ya que se metieron en su propia área, desplegando un juego defensivo del cual no supieron librarse Beckenbauer y compañía.
Un pase en profundidad hacia el jugador oriental Sparwasser, le dejaba en una posición franca para batir a Maier, y así lo hizo en el minuto 77. El marcador ya no se movió más.

Esta victoria hirió profundamente a los espectadores que se dieron cita en el Volksparkstadion, en Hamburgo, el 22 de junio de 1974. Como dijo el propio héroe de Hamburgo, Sparwasser, se trataban de dar un golpe moral al enemigo, golpearle donde más le dolía. Nadie se pensaba que les pudieran ganar en su deporte, en donde ellos eran superiores, pero así ocurrió. De todas formas la RFA acabó ganado el campeonato en la final contra los Países Bajos de Cruyff, mientras que la RDA calló en segunda fase, obteniendo un solo punto al empatar contra Argentina.

 

 

LA TRAGEDIA DE SUPERGA

Corría el año 1949. Faltaba un año para que se disputara la cuarta edición de la Copa del Mundo en Brasil. Una Copa del Mundo dominada hasta entonces por la selección italiana, campeona en las dos anteriores ediciones. Todo hacía presagiar que esta vez no sería diferente, y que los transalpinos volverían a conquistar tan ansiado título. Un Torino repleto de estrellas y jugando un fútbol espectacular, liderados por Valentino Mazzola, padre del mítico jugador interista, Sandro Mazzola, dominaba tanto el fútbol italiano (4 ligas ganadas en 5 años así lo demuestran) como en el europeo. El Toro era el orgullo de italia, aportando hasta 10 jugadores a la selección, convirtiéndose de esta manera en la columna vertebral de la escuadra azzura.

Todo esto cambió un trágico 4 de mayo de ese mismo año, 1949 a las 16:02. Un avión de pasajeros que transportaba a toda la plantilla del Torino y a algunos pasajeros más, se estrelló en Superga, a 20 kilómetros de Turín, contra la catedral de la ciudad. El equipo venía de disputar un partido amistoso contra el Benfica en Lisboa. La tragedia fue absoluta, ya que no se encontró un solo superviviente. Esto no sólo dejó una huella imborrable en el corazón de sus familiares, si no que mermó toda esperanza italiana de conquistar el Mundial de Brasil del año siguiente, y anuló por completo a un equipo campeón, que si no hubiera sido por ese accidente, tal vez ahora la historia del fútbol sería bien distinta. Tal magnitud tuvo el acontecimiento, que Riccardo Carapellese, más conocido como Bala Azul, extremo italiano de gran velocidad y un enorme sentido del gol, convenció al presidente de su club, el Milán, para que le traspasase al Torino para ayudarle a resurgir.

Así dio comienzo el Mundial de 1950, e Italia necesitaba una reestructuración urgente a todos los niveles. Se pasó radicalmente de un juego brillante a otro completamente distinto, en el que primaban el trabajo duro, un sistema ultradefensivo, un marcaje férreo al hombre y las faltas tácticas, una actitud natural en el fútbol cuando te sientas inferior al rival: el catenaccio.

El verrou, en francés cerrojo, como se le conoció inicialmente, fue ideado por el austríaco Karl Rappan, quien lo puso en práctica con el Servette suizo allá por 1932. El sistema consistía en retrasar los dos medios del esquema táctico típico de la época (3-2-5) y utilizar a uno de ellos como líbero y al otro como marcador. Lo dio a conocer mundialmente en el Mundial de Francia de 1938, dirigiendo a la selección Suiza. Más tarde su predecesor en el uso de esta estrategia sería Nereo Rocco, quien lo utilizaría en equipos transalpinos en las décadas de los 40 y 50, como el Pádova, el Treviso o el Triestina, dándole el nombre por el que se le conoce actualmente: catenaccio. Años más tarde se le atribuyó a Helenio Herrera y su Inter de los 60, pero esto es algo totalmente falso, ya que aunque si bien es cierto que lo usaba de vez en cuando, ubicando a toda una maraña defensiva por detrás de Luís Suárez para que éste colgara balones a un par de atacantes, era sólo un recurso más de los que podía disponer, ya que este Inter practicaba un juego talentoso y exquisito.

De esta forma la selección italiana se plantó en el mundial con la idea de no hacer el rídiculo, y de poner en marcha un sistema futbolístico que muchos años después, ya en el ocaso de su vida como forma de juego, llevaría a la perfección la selección alemana en el Mundial de 1974.

Los italianos quedaron segundos del grupo 3, por detrás de Suecia, aún ganando contra Paraguay por un resultado de 2-0, pero perdiendo contra la propia Suecia 3-2. Cabe destacar la mala forma física con la que llegaron los azzurri a la competición, al tener que viajar en barco, ya que aún se recordaba la tragedia de Superga.

Esas son las razones del auge del sistema ultradefensivo en Italia. Para muchos, además, el carácter italiano también es un factor determinante. Explica Enric González, en uno de sus artículos recopilados por J.M Román en Historias del calcio y otros mundos: “Aventuremos una teoría, tan descabellada como cualquier otra. Los italianos fueron dominados por potencias extranjeras durante unos 1.300 años, hasta la segunda mitad del XIX. Se acostumbraron a que el Estado fuera extranjero y aún no se creen que sea suyo, lo que podría explicar algunos fenómenos relacionados con la evasión fiscal. También aprendieron a hacer lo mejor que se podía hacer en tal caso: aprovechar en beneficio propio los fallos del sistema dominante”. La teoría del error ajeno.

Concluye “El italiano tiene un sentido innato para detectar la rendija o el punto frágil en cualquier sistema que se le ponga enfrente. Espera su ocasión y la aprovecha. La esencia del calcio es, probablemente, ese talento”.

Éste fue el punto de inflexión para casi una forma de vida para muchos equipos italianos y de todo el mundo en general. El catenaccio era ya, parte de la historia del fútbol. Su padre: Superga. 

2 comentarios para “Érase una vez…”

  1. Lantermann escribió

    Muy guapo!!

    No sabía nada de esta historia me ha molao que te cangas!!!

    grande CATENACCIO!!

  2. oscar escribió

    saludos de mexico,

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