Injusta grandeza…
Publicado por alex32v en Mayo 23, 2008

El otro día viendo la final de la Liga de Campeones, pude comprobar por enésima vez, que esto del fútbol no entiende de justicias. Cómo diría aquel, aquí gana el que más veces mete la pelotita en la portería contraria. Ni más, ni menos. Da igual quien haya tendido la posesión del balón, da igual que hayas jugado mejor, da igual que te dejes la piel en el campo, da igual que des tu vida por el equipo al que amas, por el que defiendes la camiseta. Si al final fallas el penalti decisivo, todo habrá dado igual. Y lo que es peor, te pasarás las horas y los días durante mucho tiempo pensando en que si lo hubieras metido todo sería distinto. No tendrías pesadillas recurrentes por las noches. No dudarías de tu valía como futbolista. No pensarías en que esa imagen se quedará guardada en la retina de todos, por los siglos de los siglos. En que el deporte rey es pariente cercano de la crueldad y de la Diosa Fortuna, maldita Fortuna.
Todo eso le pasó el miércoles al Chelsea, le pasó a John Terry, capitán del equipo londinense. Hombre de cantera, único de su especie en el Chelsea de los petrodólares. Uno de los pocos jugadores del mundo, que aunque estén lesionados, juegan las finales como auténticos jabatos, demostrando su profesionalidad, demostrando lo que significa pasión, lucha y entrega. Si no hubiera sido por él el Chelsea no estaría donde está ahora. Es el auténtico artífice de que los blues hayan jugado su primera final de la máxima competición continental. Pero, al igual que le pasó al mítico Arconada con el gol de Platini en la final de la Euro del 84, al igual que le pasó a Roberto Baggio en la final del Mundial 94, todos le recordarán por este fallo. Por el penalti que le pudo dar su primer entorchado de la liga de campeones a los de Stamford Bridge. Es injusto, pero es así.
Es impresionante la tensión que se debe vivir en los segundos previos al lanzar un penal de esas características. Coges el balón, lo besas, pidiéndole que no te falle esta vez, que le perdonas todas las malos ratos que te ha hecho pasar, que esta vez sois amantes por una noche. Te retiras unos metros, cogiendo carrerilla, das el último suspiro y te dispones a lanzar el penalti. Si lo metes, tu equipo es campeón y tocarás el cielo con las llemas de los dedos. Si lo fallas, habrás fracasado, y no habrá nadie ni nada en el mundo capaz de consolarte. Derramarás las lágrimas más dolorosas de tu vida posiblemente. Esa es la grandeza del fútbol, es la grandeza de la Copa de Europa.
La Copa de Europa, esa vieja Copa de Europa, el trofeo más ansiado. La dama que todos quieren, y sólo uno alcanza. Veterana y caprichosa tienta con sus armas a quienes por ella luchan. Da y quita, hace grande y empequeñece. Por eso engancha, por eso mantiene nuestras noches ocupadas. Lo malo es que, como toda dama que se precie, es querida y deseada, y lo peor de todo, como vieja dama que lo sabe, sólo da su mano a uno…
Terry lo sabía, pero aún así tiró el penalti. Sé que es un tópico, pero lo falla el que lo tirá. Y en una tanda de penaltis de la final de la Liga de Campeones no hay especialistas que valgan. Aquí sólo valen los valientes, los que se la juegan aun sabiendo el riesgo que corren. Ahí se nota donde están los grandes jugadores. Los de gran corazón. Como Terry. Es muy fácil decir: yo no lo tiro, y quedarse viendo cómo tus compañeros se arriesgan. La suerte es para los audaces. Sin riesgo no hay victoria. Frases que vienen a definir el sentido último de unos penaltis en una final, que aunque sea una forma injusta de determinar el campeón, le da ese toque trágico y emocionante que tantas veces ha caracterizado a este juego maravilloso y apasionado, y es que todas las pasiones son exageradas y son pasiones precisamente porque exageran. Lo dijo Nicolas de Chamfort, un escritor francés del siglo XVIII, que difícilmente imaginaba que un juego llamado fútbol acabaría transformándose en un delirio globalizado. En una pasión desenfrenada que se interpreta de manera diferente en cada rincón del planeta. Qué injusta es la grandeza!
Salva escribió
¿os acordais de aquella final empatada in extremis por el Bayern Munich ante el Atlético de Madrid? Muchos años después, Luis Aragonés (autor del gol madrileño) dijo que si el resultado final hubiese sido otro, tal vez el Atlético hubiese encadenado 4 años gloriosos campeonando en Europa como lo hizo el Bayern.
La diosa fortuna se viste así cuando quiere y marca el devenir de muchos equipos.